
Las lágrimas de una mujer siempre están a flor de piel, principalmente cuando nos vemos abandonadas por el ser querido. Lloramos tanto a veces que creemos que se nos secaron las lágrimas para siempre, nos abatimos hasta el grado del cansancio, y el consuelo no llega.
Dicen que las lágrimas lavan el alma, y no lo dudo, pero a veces el llanto no nos es suficiente para calmar las tempestades del alma, nos vence el cansancio y nos llega el sueño, pero no somos capaces de decir: “Quiero amarte sin aferrarme a ti”, ”Quiero apreciarte sin juzgarte”, ”Quiero unirme a ti sin invadirte”, ”Invitarte sin exigirte”, “Dejarte ir sin sentirme culpable”, ”Criticarte o reclamarte sin hacer que te sientas
culpable” y “Ayudarte (si tú me lo pides), sin que te sientas ofendido”, “Darte todo sin que me duela que tú no me des nada”.
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